Infraganti

¡Te pille!

¡No me digas que no te estabas metiendo el dedito en la nariz mientras mirabas el ordenador, que te he visto! No falla, los pillo a todos in fraganti.

Me empezaron a llaman así en el cole, Infraganti, desde bien pequeña. Os voy a contar por qué me lo pusieron. Resulta que mi mami siempre me preparaba para el recreo un bollito la mar de rico. Qué digo rico, ¡estaba para chuparse los dedos! Y yo era, claro, le envidia de la clase en los recreos. Todos mis compañeros que si dame un poquito, que si déjame sólo probarlo, que si tienes que compartir… Y así, un día tras otro. Hasta que me cansé y dije que ya estaba bien, que el bollito de mi mami era solo para mí y punto pelota. Me lo guardaba en la cartera por la mañana y no lo sacaba hasta que no llegaba el recreo, y en cuestión de segundos, ¡zas!, me lo metía en la boca de un bocao y santaspascuas.

Hasta aquí todo fenomenal, pero un día…, un día fui a echar mano del bollito y al rebuscar y rebuscar en la cartera… resulta que allí no había nada, ni las migas. Y al día siguiente, lo mismo. Y al otro, igual. Y al otro. Hasta que me dije, ¡tate!, aquí hay un listo o lista que me birla el bollo en cuantito que me descuido. Y así fue como decidí emprender la caza y captura del ladrón. Por las mañanas, llegaba la primerita a clase y dejaba la cartera a la vista y bien abierta, para dar así más facilidades. Y mientras, yo me escondía en el armario a vigilar y esperar a que mis compis fueran llegando uno a uno, a ver quién era el espabilao que “se pasaba” por mi cartera antes de ocupar su pupitre.

A puntito estuve de abalanzarme sobre Gonza Valladares cuando, justo a la altura de mi cartera, hizo por agacharse, pero no, es que se le había caído un chicle. Y luego Marta Carrascosa, que mira que la tenía manía, se puso a dar vueltas por los alrededores, pero tampoco, lo que le pasaba es que se debía de estar haciendo pis, porque después entró corriendo al baño, que debía de estar ocupado.

Y así, cuando ya me disponía a salir de mi escondite porque entraba ya la seño, observé como ésta se acercaba a mi pupitre, hacía como que se tropezaba y metía la mano disimuladamente en mi cartera llevándose todo el pastel de mi mami recién hecho para su goce y disfrute, la muy bruja.

La pillé in fraganti. Así se lo conté luego a todos, una y otra vez, y por eso al final, de tanto decirlo, me pusieron el nombre de Infraganti. Pero a la seño no me atreví a decirle nada porque esa mañana teníamos examen de Cono y una tenía mucho que perder.               

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